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sábado, 21 de marzo de 2009

Se adelantan las elecciones; ¿se atrasa la crisis?

Nubes en las cumbres
Foto tomada por Gonzalo Ciarleglio

La semana pasada la Vocera del Presidente nos hizo saber que se adelantarían las elecciones para no someter a la sociedad a los inoportunos vaivenes de la democracia en medio de la actual crisis económica. Eso sí, se encargó de ratificar su incuestionable voluntad democrática tras hacer precisamente lo que su esposo había criticado en una de sus habituales diatribas en el acto de cierre de la campaña de Catamarca.


Que la crisis está entre nosotros no es una novedad: la fuga de capitales comenzó a mediados de 2007, aunque los por entonces altísimos precios de las materias primas permitían compensarla gracias a las enormes liquidaciones de divisas de los productores sojeros. La confianza del consumidor empezó a mermar en febrero de 2007, justo un mes después de la cuestionada intervención al Indec. La economía argentina ya se estaba enfriando al ritmo de la inflación desbocada mucho antes del conflicto con el campo y de la quiebra de Lehman Brothers.


Esta descomposición de la economía llevó al matrimonio gobernante a emprender desesperadas medidas para salvar "el modelo": primero fue la 125, después vinieron los planes de bicicletas y heladeras y, ahora, la coparticipación de retenciones. Esta última medida empujó a los productores agropecuarios a las rutas, hartos de las retenciones cobradas sobre precios en baja, la sequía y las dilaciones oficiales en reuniones que llegan a poco y nada. Y algo que hoy no se menciona en la prensa: a fines de febrero, el Gobierno pensaba en estatizar el comercio exterior de granos. Nadie sabe en qué quedó esa idea.


Si examinamos las anteriores experiencias electorales, veremos que unos meses antes de los comicios la economía tiende a enfriarse por la incertidumbre del resultado. Esta vez, esa incertidumbre es mayor que otras: los Kirchner están en una posición política muy incómoda, perdiendo "aliados" a medida que la crisis les erosiona la caja. Como bien dice Elisa Carrió, Kirchner aún tiene capacidad de daño. Se sabe que en octubre el país estará sintiendo de lleno los efectos de la crisis global, y la merma de dirigentes K habrá puesto en riesgos aún más serios que los actuales al oficialismo. Se sabe también que el país requiere medidas urgentes y para nada apetecibles para el electorado para poder superar los efectos de la recesión. Suena cada vez con más fuerza la posibilidad de recurrir a un crédito del FMI para superar los vencimientos de la deuda externa de 2009-2010, cosa que a un Gobierno que hizo de la lucha contra el Fondo un puntal de su ideología se verá en serias dificultades de justificar ante una opinión pública cada vez más descreída.


Además, estas elecciones caen en un escenario de creciente tensión con el campo. La reciente medida de coparticipación de las retenciones es una estrategia desesperada para lubricar la maquinaria electoral del populismo gobernante comprando las voluntades de los dirigentes del interior. Lo peor es que estos dirigentes volcarán esos fondos hacia tácticas clientelistas harto conocidas en la Nación. En tiempos electorales, la manipulación de los pobres se vuelve cada vez más urgente para el partido de gobierno, que paradójicamente nació a mediados del siglo XX para defender los intereses de los más humildes. La creación del Fondo Solidario es, también, un intento de dejar sin argumentos a los productores rurales. Ahora, bajar las retenciones es imposible ya que las provincias están recibiendo esos fondos. Este, vale recordar, era uno de los reclamos del sector en 2008. Pero esta medida esconde dos cuestiones de fondo: el federalismo y la distribución del ingreso.


En lo que respecta al federalismo, es obvio que no puede construirse un país federal cuando la Nación concentra una enorme cantidad de dinero en sus garras para distribuirlas a los dirigentes provinciales y municipales a su antojo. La Constitución de 1994 ordena la sanción de una nueva Ley de Coparticipación (la actual es de 1988) para... 1996!!!! Es decir, llevamos trece años de demora en cumplir el mandato de la Carta Magna, exponiendo otro serio problema que hace imposible la construcción de un país: respetar los pactos que nos unen como sociedad. La Constitución es la expresión jurídica del contrato social que nos permite vivir a todos dentro de unas reglas comunes. Como bien expresó el titular de la UCR Gerardo Morales, adelantar las elecciones "es romper un vínculo".


En lo que hace a la distribución del ingreso, es claro también que los seis años de furioso intervencionismo K en la economía no lograron revertir las humillantes condiciones de vida de millones. Si bien es verdad que se ha creado empleo y se bajó la pobreza, los factores estructurales que la provocan siguen ahi. Léase: clientelismo, manejo discrecional de los fondos del Estado, sistema impositivo anacrónico, monopolios amparados al calor de las necesidades políticas del momento (caso de la fusión Cablevisión-Multicanal y la televisación del fútbol, hoy en la mira del poder con el proyecto de la nueva Ley de Radiodifusión). A pesar de las críticas de tribuna que el matrimonio hace al capitalismo, hoy la Argentina estaría mejor parada frente a la crisis si los productores hubiesen podido quedarse con lo que el Estado les quitó en concepto de retenciones amparados en que recibían una "renta extraordinaria". En una economía capitalista, el lucro es el motor, y no el villano, del progreso material de la sociedad. Las empresas impulsan el desarrollo tecnológico porque quieren ganar más con tecnologías más modernas y menos costosas, y el Estado recauda más en concepto de impuesto a las Ganancias para luego construir hospitales, escuelas y la necesaria infraestructura. Esa es la distribución del ingreso que se aplica en una sociedad moderna, y no estos draconianos impuestos a la producción como las retenciones.


¿Cuál será la sorpresa que nos prepara el mago Néstor, que no es Mandrake? Sólo Néstor lo sabe... ¿lo sabrá?

sábado, 19 de julio de 2008

Cobos dijo no y el pais le dice sí


Construyendo un nuevo Congreso
Fotografía del Palacio Legislativo en 1906, año de su inauguración
Imagen de dominio público


Increible es lo que sucede con el Vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, en estos dias. Tras su negativa a aprobar el proyecto de ley del Poder Ejecutivo sobre las retenciones móviles, el pais vive un, hasta hace unos meses, impensado romance con el "Segundo Mandatario".

Por lo menos en los casi veinticinco años de democracia que vive el pais desde 1983, la figura el vicepresidente se caracterizó por su pendular relación con la luz pública. Desde figuras quizás hoy olvidadas como Víctor Martínez, vicepresidente de Raúl Alfonsín, hasta Cobos, estrella polìtica de la semana, han pasado por uno de los cargos más opacados por el hiperpresidencialismo argentino. Tras su desempate histórico, la figura del vicepresidente es amenazada, una vez más, con ser vaciada del contenido político que se ha ganado en buena ley. Después de todo, es difícil disentir con un poder tan avasallante como el kirchnerista, pero más aún hacerlo desde la cumbre.

Al respecto, he escuchado esta semana decir que el vicepresidente es la "pata" del Poder Ejecutivo en el Congreso. Puede ser que los que opinen así tengan razón. Sin embargo, eso no lo convierte en un autómata que obedece ciegamente las órdenes que llegan desde la otra punta de la Avenida de Mayo. Más aún: los votos de octubre son también de Cobos, por más que en aquel momento pareciera un furgón de cola del "Expreso K". Y eso le da derecho a votar en el Senado con total libertad de conciencia dado que, si seguimos la linea de razonamiento del oficialismo, el voto popular le otorga tanta legitimidad a sus pareceres como a los de la Presidente.

Además, la posición de Cobos no puede ser tomada como una traición dado que la fórmula presidencial del oficialismo es una expresión bipartidista; el propio kirchnerismo la armó asi en el marco de la Concertación Plural. Supieron siempre que, al no contar con un binomio netamente peronista, existiría el riesgo de una disidencia vicepresidencial en determinado momento. Es más: la Concertación fue presentada al electorado como una unión de partidos alrededor de unos principios comunes pero respetando las disidencias. Cobos, por lo tanto, tiene razón cuando dice que él no se apartó de esos principios que lo llevaron a integrar la fórmula ni que le dio la espalda a sus electores. ¿Entonces por qué le endilgan el título de "traidor"? Simplemente porque se negó a ponerse de rodillas. Por lo menos, el pais que votó a Cristina y está desilusionado con ella (léase los habitantes de las zonas rurales que hoy están con el campo "golpista"), fue honrado por Cobos.

Lo ocurrido en el Senado convirtió al "Segundo Mandatario" en una especie de héroe. Incluso, algunos especulan con una futura candidatura a Presidente en 2011. Es prematuro aventurar tales conjeturas en un contexto político tan enrarecido como el que vive la Nación en estos dias. El funcionamiento del Parlamento en este último mes, más allá de las clásicas negociaciones entre los legisladores para conseguir los votos, demostró una ruptura en la imagen que la sociedad se forjó de dicha institución en los últimos tiempos. Esta semana, las instituciones funcionaron como lo marca la Constitución: el Congreso sesionó a sala llena, el Vicepresidente honró la palabra empeñada ante sus electores y el Ejecutivo derogó la Resolución 125. Al observarse fielmente en estos dias la letra de la Carta Magna, como juraron los representantes con la mano sobre la Biblia, el país alcanzó un atisbo de paz. Esperemos que dicha observancia sea, de aquí en más, lo que guíe las acciones de los que tienen a su cargo la representación y los destinos el pueblo.


sábado, 5 de julio de 2008

Cuestión de cáscaras II


Fotografía tomada por Pedro Ignacio Guridi. Obtenida de Wikimedia Commons bajo licencia de uso Creative Commons Attribution ShareAlike 2.0

Tras más de quince horas de debate, la Cámara de Diputados dio media sanción al proyecto del ley del oficialismo que convalida la resolución 125 del Ministerio de Economía, que impuso el cuestionado régimen de retenciones móviles para el agro. Después de años de ostracismo de la vida republicana, el Congreso pareció recuperar vida en una maratónica sesión que, vaya novedad, no fue para votar que se deba vender yerba mate sin palo, sino algo importante para los destinos de la Nación.

Sin embargo, la sesión que acabamos de presenciar en vivo y en directo por las señales noticiosas no hizo más que mostrar que el Parlamento sigue siendo un cascarón vaciado, no vacío, de contenido. Es sabido que, en las encuestas de imagen de las instituciones sociales, el Congreso ocupa uno de los últimos lugares en la confianza de la sociedad. ¿Cómo ocurrió esto?

Puede enumerarse una vastedad de causas para explicar esto: descenso del nivel general de los debates, inactividad en el recinto (el Congreso no llegó a sesionar más de diez veces durante todo 2005, año electoral, cuando debería hacerlo una vez por semana como mínimo), bastardeo de parte de otros poderes del Estado, como un Ejecutivo que deglute con avidez las atribuciones que la Constitución le otorgara. Pero hay una causa que es menos reconocible: el poco o nulo interés noticioso que reporta la información parlamentaria.

Los medios suelen tener periodistas acreditados ante el Parlamento, pero rara vez trasciende la información que recopilan nuestros colegas a las primeras planas de los diarios o al éter. Antigüamente, los diarios incluían una sección que se llamaba "crónica parlamentaria", en donde se brindaba al lector un detalle pormenorizado que le permitiía hacer un seguimiento más o menos preciso de la actividad de los diputados y senadores. Pero seguimiento al fin.

Hoy, los medios están invadidos de información que compete a los otros dos poderes del Estado: declaraciones de la Presidente, ministros, secretarios (Poder Ejecutivo) o casos policiales de diversa índole y truculencia (Poder Judicial). Más aún, todavía se publican en los clasificados de algunos diarios sentencias judiciales. ¿Por qué la información parlamentaria no trasciende?

Se suele argumentar que a la sociedad no le interesa lo que pasa en el Congreso. Pues debería interesarle: hay cosas que deben ser publicadas más allá de mediciones de audiencia o readership porque hacen al funcionamiento mismo del sistema. Si la democracia, en un sentido lato, implica la elección de representantes a través del voto popular, ¿con qué herramientas los elegirá el pueblo si no conoce ni sus ideas ni sus proyectos, sino slogans publicitarios? Sin información precisa no puede funcionar una democracia que se precie de tal, ni mucho menos una república. Así los argentinos seguiremos padeciendo "hiper-presidentes" que se devoran a las demás instituciones creadas por la Constitución.

Por supuesto que la culpa no la tienen sólo los medios: a los políticos tampoco les conviene que el pueblo sepa de qué se trata. ¿O acaso les conviene a nuestros representantes que el pueblo vea cómo leen el diario, duermen o toman café a expensas del dinero público mientras un colega hace uso de la palabra? ¿O que el pueblo sepa las corruptelas, los "nariguetazos" e incidentes sexuales que se cometen en los despachos? Por supuesto que no: un pueblo desinformado es tierra de cultivo de los grandes males que como sociedad nos aquejan desde hace generaciones.

Lo que no se ve en los medios no existe, dicen los teóricos de la comunicación. El problema está en que, para reflejarse en los medios, primero se debe tener existencia propia; el aire es invisible a los espejos.