miércoles, 2 de junio de 2010
El coche 10 volverá a rodar
Singular alegría me causó enterarme esta mañana que las tareas de restauración del coche La Brugeoise 10 marchan viento en popa. Este coche llegó al país en septiembre de 1913 desde Brujas, Bélgica, con un diseño bastante diferente al que tiene ahora: cabinas tranviarias en las puntas para poder subir a ellos en los refugios de superficie (dos coches del Subte eran desacoplados de las formaciones que llegaban y salían por la rampa de Primera Junta para ir por superficie hasta Rivadavia y Lacarra, con servicios cortos hasta Quirno), amplias ventanillas dotadas de cortinillas para protegerse del Sol, molduras y ornamentaciones de madera de roble cuidadosamente trabajada, tulipas de bronce tallado con plafones de cristal esmerilado, asientos de patas torneadas y tapizados en cuero escarlata, pasamanos de bronce. En 1927, tras la cancelación del servicio mixto, fueron reformados a su estilo actual. Con los años, fueron perdiendo de a poco sus detalles de lujo.
Sin embargo, da pena leer los comentarios que dejan algunos en los diarios. Conocida es la polémica entre Jorge Fontevecchia y Víctor Hugo Morales sobre los comentarios que dejan los lectores en las edciones online: "algunos vomitan veneno", dijo Víctor Hugo. Lamentablemente, ese veneno corroe las mentes argentinas desde tiempos inmemoriales, y nos llevó a una decadencia de la que no se ve una salida pronta y duradera. "Las cosas viejas hay que tirarlas", "esos cajones de manzana no deberían circular", dicen.
¡Pobres de aquellos que no tienen la sensibilidad para apreciar las cosas buenas que aún sobreviven en este país! En 1913, los coches La Brugeoise transportaban un pueblo optimista y convencido de su futuro de grandeza. Hoy, transportan bestias que quieren verlos tirados en un descampado a la vera de la historia, que gozan rumiando su nihilismo criado bajo sucesivos gobiernos que hundieron al país no sólo en la pobreza material sino en la indigencia intelectual.
La identidad, tanto de las personas como de las sociedades, se construye gracias al fino hilado de las experiencias vividas. Los pueblos sin memoria no tienen identidad y estarán condenados a ser rebaño de los poderosos. Todavía estamos a tiempo de dar vuelta la Historia con pequeños gestos como el que hoy celebramos.
viernes, 5 de marzo de 2010
viernes, 8 de enero de 2010
Sin reservas

El Gobierno está dispuesto a todo para hacerse de una de las pocas cajas que quedan sin tocar en el pais. Después de dias de tensión, se conoció ayer el despido de Martín Redrado de su cargo de presidente de Banco Central (BCRA) merced a un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU). Ese mismo instrumento había sido utilizado antes de que finalizara 2009 para crear el Fondo del Bicentenario: 6500 millones de dólares destinados al pago de los vencimientos de deuda de este año para liberar recursos presupuestarios.
En principio, el objetivo del Fondo del Bicentenario es loable: al usar reservas, por las cuales el país obtiene un 1% de interés al tenerlas depositadas en la Reserva Federal de los Estados Unidos o en el Banco de Basilea, se podría cancelar deuda "cara" sin afectar para ello recursos corrientes. Estos serían utilizados para "incentivar el consumo", según el discurso oficial. Y aquí aparecen varios puntos cuestionables:
En principio, el objetivo del Fondo del Bicentenario es loable: al usar reservas, por las cuales el país obtiene un 1% de interés al tenerlas depositadas en la Reserva Federal de los Estados Unidos o en el Banco de Basilea, se podría cancelar deuda "cara" sin afectar para ello recursos corrientes. Estos serían utilizados para "incentivar el consumo", según el discurso oficial. Y aquí aparecen varios puntos cuestionables:
- Las reservas del BCRA no son dinero líquido almacenado en una gran bóveda que no tiene más utilidad que juntar polvo hasta que ocurre una corrida bancaria o cambiaria. Los dólares que todos los días compra la autoridad monetaria forman parte de los activos de la entidad. Y como todo activo, tiene como contrapartida un pasivo: los pesos argentinos que están en los bolsillos de empresas y particulares, además de los que están atesorados en cuentas bancarias. Como si fuera poco, estos pesos fueron a su vez reabsorbidos por el BCRA para evitar que la estrategia de acumulación de reservas derivara en una inflación aún más elevada que la actual; las Letras y Notas del Banco Central son papeles de deuda que el BCRA coloca en los bancos a cambio de los pesos que acaba de emitir para comprar dólares.
- Las "reservas de libre disponibilidad" no existen: cuando se pagó la deuda con el FMI en enero de 2006, el Gobierno creó por ley el concepto de "reservas de libre disponibilidad". Según esta caracterización, existen reservas en moneda extranjera que cubren la oferta monetaria en pesos a la paridad vigente: esas no pueden tocarse. Por sobre ellas, hay un excedente de dólares que no sería "necesario" para cubirir la oferta de pesos a la paridad vigente, por lo que podrían utilizarse para otros fines sin afectar la estabilidad cambiaria. El gran error de concepto en este andamiaje es que todas las reservas en moneda extranjera son acumuladas contra la emisión de pesos y, en forma secundaria, contra la emisión de Letras, Notas y pases pasivos. Por lo tanto, si se tocan los dólares acumulados, se "descalzan" las obligaciones que el BCRA contrajo para acumularlos.
- El instrumento utilizado para crear el Fondo del Bicentenario es objetable desde el punto de vista legal. En enero de 2006, se habilitó el pago al FMI gracias a que las "reservas de libre disponibilidad" fueron creadas por ley, además de que estas se destinaban al pago de un acreedor institucional. Las reservas afectadas fueron luego recuperadas por el BCRA sin grandes alteraciones en el mercado cambiario más que el definitivo traspaso de la barrera psicológica de los tres pesos por dólar hasta estabilizarlo en los 3,06 $. Sin embargo, el Fondo del Bicentenario será utilizado para el pago a acreedores particulares, por lo que expone a todas las reservas a un riesgo innecesario de embargos por parte de los fondos buitres. Como se dice en la jerga financiera-legal, el Fondo del Bicentenario está "flojo de papeles", lo que explica que tanto el departamento de Legales del BCRA como el estudio de abogados que lo representa en Nueva York, transmitieran a Redrado sus reparos en habilitarlo.
Otro punto, y que quizás sea el más importante, es el político y por eso merece ser tratado en forma independiente. El objetivo del Fondo del Bicentenario es crear el efecto psicológico en los acreedores de que el país puede pagar sus obligaciones y que, por lo tanto, les conviene aceptar el canje de deuda que comenzará en breve en lugar de continuar sus juicios contra el Tesoro. El por qué de la creación de este instrumento, a pesar de la versión oficial, sigue siendo poco claro. ¿Por qué tanta premura del Gobierno por pagar las obligaciones que están en default desde 2001? La respuesta es que el Gobierno busca acceder nuevamente a los mercados de crédito para financiar sus crecientes gastos. El gasto público viene creciendo aceleradamente y hoy se encuentra por encima del récord histórico alcanzado en tiempos de la Convertibilidad. Más de veinte provincias tienen sus cuentas en rojo, y algunas de ellas (Córdoba, por ejemplo) ya tienen cuasimonedas listas para salir a la calle apenas el Gobierno nacional deje de transferir fondos para pagar los gastos más urgentes. Con un poder en declive permanente e inexorable, el kirchnerismo necesita cada vez más plata para mantener la paz social y el apoyo de gobernadores de provincias en las que el sector público es más grande que el sector privado.
Se buscan permanentemente formas de aumentar la recaudación por todos los medios en lugar de optar por una estrategia de eficiencia en el gasto. Así, para este año el Gobierno prepara medidas para avanzar sobre el sistema financiero, hoy con grandes cantidades de liquidez debido a la escasa demanda de créditos que hay en la economía: reforma de la ley de entidades financieras, gravámenes sobre la renta financiera. Esta última medida llama poderosamente la atención, ya que fue descartada para financiar la Asignación Universal por Hijo pero será usada para pagar vaya a saber qué. Este paquete de medidas explica, además, el apoyo de ADEBA, agrupación que nuclea a los bancos privados: ellos concentran la mayor parte de la deuda local impaga, por lo que la constitución del Fondo del Bicentenario les resulta sumamente conveniente. Otra vez, el interés de un pequeño grupo pone en riesgo la estabilidad monetaria e institucional de todo un país. Además, el Fondo les sirve de reaseguro a todos los bancos ya que evitaría, por lo menos por un tiempo, que el Gobierno ponga su mira sobre la liquidez de los banqueros.
Es así cómo llegamos al despido de Redrado. Su gestión al frente del BCRA deja mucho que desear: inflación que, bien medida, ronda el quince o veinte por ciento anual; acumulación de reservas contra deuda tal como se explicó más arriba. Que se haya negado a constituir el Fondo del Bicentenario no es un acto de heroísmo: a un Gobierno en caida libre en las encuestas cualquiera se le atreve, incluso los que escribimos columnas como esta. Además, se negó a hacerlo porque la oposición presentó us cuestionamientos ante la Corte Suprema, por lo que obedecer al DNU de la Presidente lo hubiese puesto en serio riesgo de ser enjuiciado. Según salió publicado en varios medios, la intención de Redrado era habilitar el Fondo una vez que la Justicia su hubiera expedido sobre la cuestión de fondo. Eso no alcanza para lavar el triste récord de su gestión, que permitió el aumento constante de la masa monetaria que, junto al elevado gasto público destinado a fines cuestionables según su eficiencia y pertinencia, llevaron a los trabajadores argentinos a pagar un impuesto inflacionario de más del 15 % anual. Paradojas de la Argentina kirchnerista: se subsidia el gas de las clases medias y altas, se acumulan reservas para ser usadas sin control parlamentario (por eso el DNU) y se crea una inflación elevada que terminan pagando los más pobres.
Se buscan permanentemente formas de aumentar la recaudación por todos los medios en lugar de optar por una estrategia de eficiencia en el gasto. Así, para este año el Gobierno prepara medidas para avanzar sobre el sistema financiero, hoy con grandes cantidades de liquidez debido a la escasa demanda de créditos que hay en la economía: reforma de la ley de entidades financieras, gravámenes sobre la renta financiera. Esta última medida llama poderosamente la atención, ya que fue descartada para financiar la Asignación Universal por Hijo pero será usada para pagar vaya a saber qué. Este paquete de medidas explica, además, el apoyo de ADEBA, agrupación que nuclea a los bancos privados: ellos concentran la mayor parte de la deuda local impaga, por lo que la constitución del Fondo del Bicentenario les resulta sumamente conveniente. Otra vez, el interés de un pequeño grupo pone en riesgo la estabilidad monetaria e institucional de todo un país. Además, el Fondo les sirve de reaseguro a todos los bancos ya que evitaría, por lo menos por un tiempo, que el Gobierno ponga su mira sobre la liquidez de los banqueros.
Es así cómo llegamos al despido de Redrado. Su gestión al frente del BCRA deja mucho que desear: inflación que, bien medida, ronda el quince o veinte por ciento anual; acumulación de reservas contra deuda tal como se explicó más arriba. Que se haya negado a constituir el Fondo del Bicentenario no es un acto de heroísmo: a un Gobierno en caida libre en las encuestas cualquiera se le atreve, incluso los que escribimos columnas como esta. Además, se negó a hacerlo porque la oposición presentó us cuestionamientos ante la Corte Suprema, por lo que obedecer al DNU de la Presidente lo hubiese puesto en serio riesgo de ser enjuiciado. Según salió publicado en varios medios, la intención de Redrado era habilitar el Fondo una vez que la Justicia su hubiera expedido sobre la cuestión de fondo. Eso no alcanza para lavar el triste récord de su gestión, que permitió el aumento constante de la masa monetaria que, junto al elevado gasto público destinado a fines cuestionables según su eficiencia y pertinencia, llevaron a los trabajadores argentinos a pagar un impuesto inflacionario de más del 15 % anual. Paradojas de la Argentina kirchnerista: se subsidia el gas de las clases medias y altas, se acumulan reservas para ser usadas sin control parlamentario (por eso el DNU) y se crea una inflación elevada que terminan pagando los más pobres.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Dia de furia en Buenos Aires
El dia que termina ha sido uno de los más conflictivos que hemos vivido en los últimos tiempos. El paro de subtes dejó a un millón de personas sin el medio de transporte que eligen y necesitan para llegar a sus trabajos y hogares. Las internas gremiales vuelven a poner a la Ciudad de rodillas, mientras la sociedad deambula con una pasividad asombrosa frente al descalabro que se vive en todos lo ámbitos.
Las peleas sindicales en el subte no son nuevas: los problemas entre los rebeldes y la UTA (Unión Tranviarios Automotor) vienen ya desde el año 2000. Se llegó a estas instancias por algo muy simple: la total y absoluta complicidad de los sucesivos gobiernos con estructuras mafiosas anquilosadas que distan muchísimo de representar los intereses de sus afiliados. En el fondo, como en todos los conflictos sociales que se observan en la Argentina de hoy, la pelea es por dinero y poder. El bienestar de los trabajadores, a pesar de las declamaciones de ambos bandos, no interesa a nadie.
Mientras bajo tierra los ánimos se caldeaban, trabajadores de la construcción bloqueaban la Panamericana. Una cola de tres kilómetros de autos estancados bajo el sol, repletos de pasajeros indignados pero inertes, se observaba desde las tomas aéreas que hacían las cámaras de televisión. Más tarde, bastó un camión hidrante para dispersar a los piqueteros con un extraño líquido azul.
En el Obelisco, una marcha de la CTA cortaba la avenida 9 de Julio, partiendo a la mitad el centro porteño. Esta semana fuimos testigos de un campamento que se instaló durante casi dos días en la puerta del edificio en donde funciona el ministerio de Desarrollo Social. El Gobierno de la Ciudad denunció que la Justicia porteña había ordenado a la Policía Federal el desalojo del improvisado campamento, pero que la orden fue desobedecida. Aparentemente, en la Argentina de hoy la orden telefónica de un político vale más que la orden de un juez. Nuevamente, la República se va flotando por el Riachuelo.
Mientras el país se bloquea cada vez más con protestas, sean legítimas o no, los problemas se acumulan sin una solución visible. El domingo, el futbolista Fernando Cáceres perdió un ojo en un asalto. Hoy, lucha por no perder también su vida. Primero fue Marcelo Tinelli, luego Mirtha Legrand y, más tarde, Jorge Rial los que desde sus respectivos espacios en los medios expresaron sus puntos de vista respecto a la inseguridad. La señora Legrand incluso fue más allá y le pidió a la Presidente que utilizara la cadena nacional "para llevarle paz a los argentinos".
Sin embargo, la Primera Magistrada no se dio por enterada de este reclamo y repitió una vez más el discurso gastado y hueco que tanto le gusta pronunciar. El enemigo fue el mismo de siempre, el favorito del kirchnerismo en estos tiempos de leyes audiovisuales que restringen las libertades de prensa y lesionan derechos adquiridos; de bloqueos a las plantas impresoras de los dos diarios más importantes del país con la tropa del Compañero. Nuevamente la prensa fue el blanco elegido de la Señora, esta vez para decir que las críticas de los medios desprestigian al Estado y a las instituciones democráticas (¿se olvidió tan rápido de que en primer año de la facultad de Derecho le enseñaron que la prensa es también una institución democrática?) y para quejarse de que "cuando los pobres se organizan empiezan a molestar, pero cuando aparecen en los medios llorando o pidiendo no"
La infortunada oración pronunciada por la Señora no puede más que helar la sangre de cualquiera que esté lo suficientemente despierto por la hipocresía y el cinismo con que fueron proferidas. ¿Acaso se olvidó tan rápido de que los pobres que se organizaron para cortar la 9 de Julio lo hicieron porque el gobierno que su marido y ella presiden los marginó deliberadamente del reparto de ayuda pública porque no pertenecen al kirchnerismo? ¿Acaso se olvidó tan rápido que los pobres que lloran en los medios lo hacen por culpa de las politicas económicas voraces que se aplicaron en los 17 años que lleva gobernando el peronismo desde 1983? Los pobres que lloran en los medios no lo hacen porque un productor les paga para hacerlo para sacar un punto de rating, sino porque hubo políticos que los excluyeron del sistema económico con políticas que favorecieron la destrucción del aparato productivo y el tejido socioeconómico argentino, por la implementación de políticas sociales que buscaron la creación de clientes en lugar de otorgarles a sus beneficiarios una posibilidad de reinsertarse laboralmente. Porque antes de que los medios echaran luz sobre los desastres que causaron a millones de inocentes por su codicia e inmoralidad, hubo políticos que apoyaron esas políticas y hoy dicen estar del lado de los pobres mientras brotan como por arte de magia las denuncias por enriquecimiento ilícito.
Es por todo esto que hoy fue un dia de furia. Lamentablemente, no será el último.
Las peleas sindicales en el subte no son nuevas: los problemas entre los rebeldes y la UTA (Unión Tranviarios Automotor) vienen ya desde el año 2000. Se llegó a estas instancias por algo muy simple: la total y absoluta complicidad de los sucesivos gobiernos con estructuras mafiosas anquilosadas que distan muchísimo de representar los intereses de sus afiliados. En el fondo, como en todos los conflictos sociales que se observan en la Argentina de hoy, la pelea es por dinero y poder. El bienestar de los trabajadores, a pesar de las declamaciones de ambos bandos, no interesa a nadie.
Mientras bajo tierra los ánimos se caldeaban, trabajadores de la construcción bloqueaban la Panamericana. Una cola de tres kilómetros de autos estancados bajo el sol, repletos de pasajeros indignados pero inertes, se observaba desde las tomas aéreas que hacían las cámaras de televisión. Más tarde, bastó un camión hidrante para dispersar a los piqueteros con un extraño líquido azul.
En el Obelisco, una marcha de la CTA cortaba la avenida 9 de Julio, partiendo a la mitad el centro porteño. Esta semana fuimos testigos de un campamento que se instaló durante casi dos días en la puerta del edificio en donde funciona el ministerio de Desarrollo Social. El Gobierno de la Ciudad denunció que la Justicia porteña había ordenado a la Policía Federal el desalojo del improvisado campamento, pero que la orden fue desobedecida. Aparentemente, en la Argentina de hoy la orden telefónica de un político vale más que la orden de un juez. Nuevamente, la República se va flotando por el Riachuelo.
Mientras el país se bloquea cada vez más con protestas, sean legítimas o no, los problemas se acumulan sin una solución visible. El domingo, el futbolista Fernando Cáceres perdió un ojo en un asalto. Hoy, lucha por no perder también su vida. Primero fue Marcelo Tinelli, luego Mirtha Legrand y, más tarde, Jorge Rial los que desde sus respectivos espacios en los medios expresaron sus puntos de vista respecto a la inseguridad. La señora Legrand incluso fue más allá y le pidió a la Presidente que utilizara la cadena nacional "para llevarle paz a los argentinos".
Sin embargo, la Primera Magistrada no se dio por enterada de este reclamo y repitió una vez más el discurso gastado y hueco que tanto le gusta pronunciar. El enemigo fue el mismo de siempre, el favorito del kirchnerismo en estos tiempos de leyes audiovisuales que restringen las libertades de prensa y lesionan derechos adquiridos; de bloqueos a las plantas impresoras de los dos diarios más importantes del país con la tropa del Compañero. Nuevamente la prensa fue el blanco elegido de la Señora, esta vez para decir que las críticas de los medios desprestigian al Estado y a las instituciones democráticas (¿se olvidió tan rápido de que en primer año de la facultad de Derecho le enseñaron que la prensa es también una institución democrática?) y para quejarse de que "cuando los pobres se organizan empiezan a molestar, pero cuando aparecen en los medios llorando o pidiendo no"
La infortunada oración pronunciada por la Señora no puede más que helar la sangre de cualquiera que esté lo suficientemente despierto por la hipocresía y el cinismo con que fueron proferidas. ¿Acaso se olvidó tan rápido de que los pobres que se organizaron para cortar la 9 de Julio lo hicieron porque el gobierno que su marido y ella presiden los marginó deliberadamente del reparto de ayuda pública porque no pertenecen al kirchnerismo? ¿Acaso se olvidó tan rápido que los pobres que lloran en los medios lo hacen por culpa de las politicas económicas voraces que se aplicaron en los 17 años que lleva gobernando el peronismo desde 1983? Los pobres que lloran en los medios no lo hacen porque un productor les paga para hacerlo para sacar un punto de rating, sino porque hubo políticos que los excluyeron del sistema económico con políticas que favorecieron la destrucción del aparato productivo y el tejido socioeconómico argentino, por la implementación de políticas sociales que buscaron la creación de clientes en lugar de otorgarles a sus beneficiarios una posibilidad de reinsertarse laboralmente. Porque antes de que los medios echaran luz sobre los desastres que causaron a millones de inocentes por su codicia e inmoralidad, hubo políticos que apoyaron esas políticas y hoy dicen estar del lado de los pobres mientras brotan como por arte de magia las denuncias por enriquecimiento ilícito.
Es por todo esto que hoy fue un dia de furia. Lamentablemente, no será el último.
lunes, 12 de octubre de 2009
Ahogados
Mientras leo los diarios, y en mi mente se confunden los titulares sobre la Ley de Medios y el asesinato de un joven de 18 años en Tigre, aparece esa palabra tan oportuna como molesta. Lamentablemente, no es la primera vez que interrumpe mis lecturas matinales y vespertinas. Ni siquiera me abandona cuando, harto de tanto diálogo de sordos en estas pampas, me pongo a leer el Times de Londres con la esperanza de encontrar en sus páginas algo que se parezca a la tan comentada caballerosidad y temple británico. La decepción ya es patrimonio histórico de la humanidad.
En 2003, un señor de Santa Cruz asumía la presidencia negándose a firmar el libro de actas con la tradicional lapicera de oro reservada a los presidentes. La banda le quedaba larga y le faltaba bastante almidón, y tampoco sabía qué hacer con el bastón de mando. En una entrevista que le hizo Juan Castro poco después de la renuncia de Menem al ballotage se definió como: "un hombre común con responsabilidades importantes". En la sala de edición, le cortaron el final. "Zaraza, zaraza", me imagino diciendo a Juan.
Sin embargo, K era un "tipo simpático" para los periodistas de la Capital. Su tropa estaba compuesta por hombres y mujeres que usaban ropa barata (su esposa no, que ya estaba habituada a los modos de la gran ciudad en su calidad de senadora), de modales austeros y lengua filosa. A muchos de ellos, y me incluyo, nos conquistó con esas ganas de arreglarlo todo ya. Veníamos de pasar tantas penurias, abandonos y enajenaciones como sociedad que nos aferramos a él, que hizo malabarismos con el bastón para luego demostrarnos que eso era parte de la hábilmente construída imagen de hombre común. K sabía muy bien cómo manejar las riendas, dónde golpear y dónde acariciar para que las cosas marcharan a su gusto.
Desde entonces, poco ha cambiado en los modos de ejercer el poder en la Argentina. Sin embargo, ya pocos fieles de corazón le quedan a su lado. Algunos nos alejamos pronto, otros no. La mayoría se la fue de las manos cuando quiso tocar la plata, como pasa siempre en este país. Cuando tocan nuestras libertades y nuestro derecho a vivir en paz, nada pasa. El silencio y la cobardía nos mantienen impávidos ante el poder derrotado, que sin pruritos sigue comprando voluntades a mano llena para agarrarse del reloj de Titanic. El pueblo pasa hambre, los gobernadores no llegan a fin de mes, la inflación se come ganancias y sueldos, la sequía arruina los campos y el trabajo de generaciones. Pero él sigue adelante: esas son cosas de "la contra", de "la oligarquía".
Ayer mataron a un chico de 18 años en Tigre de un balazo tras robar la casa en la que vivía con su madre y hermana. Cinco años antes, su padre había corrido igual suerte en manos de una delincuencia cada vez más desbocada y permitida por el poder corrupto y sinvergüenza. ¿Cómo hará el Jefe de Gabinete, de afamada retórica vulgar y chabacana, para explicarle a esa señora que quiere dejar el país que a su hijo no lo mató la inseguridad, porque eso es "una sensación que inventan los medios"? La bala que mató a ese joven, y antes a ese padre, no la dispararon ni Clarín, ni La Nación, ni Canal 13, sino un delicuente producto de los tantos negocios espurios que el Poder hace con la pobreza. Todos saben dónde están los que venden la droga, dónde aterrizan los aviones cargados de estupefacientes (hay 1200 pistas ilegales según denuncian Pino Solanas y Elisa Carrió), dónde están los radares de frontera que el Ministerio de Defensa desactivó hace meses, pero las sustancias corren sin problemas entre la población: la Justicia sospecha que la campaña presidencial de Cristina la pagó el narcotráfico.
Asi estamos, de batalla en batalla pero sin ganar la guerra. ¿No será que se están equivocando de escenario?
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Reflexiones acerca de la libertad en la era K
Mientras esto escribo, la Cámara de Diputados de la Nación debate el proyecto de ley de medios presentado por el Gobierno. Horas de angustia le esperarán al país si prospera la iniciativa oficial, y no porque Clarín lo diga.
El proyecto que debate el Congreso en estas horas es una muestra más de que esta administración busca acrecentar sus espurios negocios, que con plena alevosía se desenvuelven dia a dia frente a los ojos de los ciudadanos, escudándose en la falsa defensa de los pobres, los desamparados y de aquellos a los que les secuestran la palabra como les secuestraron los goles.
En apenas un año de crisis económica, quedó demostrado que el crecimiento a tasas chinas que experimentó la economía desde 2002 fueron fuegos de artificio. Bastó un año de crisis para que las mejoras sociales acaecidas en estos siete años se desmoronaran a los niveles previos al estallido social de 2001. Y esto no es culpa de los monopolios mediáticos, sino de un Gobierno que jamás se preocupó, ni estuvo en sus intereses, modificar la estructura de la economía nacional y del Estado para evitar que volvieran a ocurrir las calamidades de principios de esta década.
Sin embargo, el Gobierno usa sin cesar a aquellos que dice haber sacado de la pobreza y devolverles la ilusión de un futuro mejor, y que por su irresponsabilidad a la hora de administrar los caudales públicos nuevamente arrojó al padecimiento de sus históricos males. Los responsables de este desastre social que vemos en estos dias no sólo son los que nos gobernaron en estos siete años, en el menemismo y en la dictadura, sino también de aquellos a quienes el título de opositores les queda demasiado grande. Genuflexos como pocos, mezquinos lamentablemente como muchos, dieron luz verde con su ineptitud y palabrerío estéril a la segunda ola de graves atropellos a las libertades civiles y al andamiaje democrático de la República en sus últimos 25 años de gobiernos civiles. Tan descarada fue su ineficiencia que se autodenominaron "oposición testimonial" hasta que fue demasiado tarde para oponerse a la maraña de negocios privados con bienes públicos que montó esta administración autodenominada "progresista".
Mientras tanto, el oficialismo procede con modales de elefante sobre todo lo que le resulta antipático. Los ministros se convirtieron en hábiles esgrimistas del insulto, el lenguaje soez y del discurso de barricada cuando deberían ser ejemplos, junto con legisladores, jueces y periodistas, de la reflexión serena y racional. ¿Qué más puede esperarse acaso de un gobierno que pasa más tiempo preocupándose por las encuestas, por las tapas de los diarios y por el fútbol que en resolver los serios problemas del pueblo? ¿Qué más puede esperarse de diputados y senadores que se preocupan por que sea su voz la que más retumbe en las bóvedas del Congreso para exaltar a las hordas de fanáticos que llevan a los balcones y comisiones para tapar las voces disidentes? ¿Qué más puede esperarse acaso de periodistas que, olvidándose de la ineludible responsabilidad crítica de la profesión, sirven de espadachines a sueldo para los oscuros intereses de los grandes monopolios?
Todas las disputas a las que asistimos son por dinero y poder. No hay en los discursos políticos de estos dias, salvo honrosas excepciones, defensa alguna de la libertad de expresión ó genuina preocupación por resolver las angustias de los argentinos sino por ver quién dispara primero y cómo se queda con los despojos de su enemigo. Peor aún: esas disputas de poder son presentadas como grandes cruzadas épicas en contra de aquellos que quieren transformar a la Argentina en un reino del terror mediático y del egoismo capitalista. Clarín miente, TN desinforma y la Sociedad Rural es angurrienta: eso es verdad. ¿Pero acaso no vivimos en un país que se rige por una Constitución liberal y que, como tal, permite la expresión y la defensa de intereses tan inconfesables como los que se denuncian? Por eso están acertados también los que dicen que tanto la nueva ley de medios como las retenciones a las exportaciones son fascistas: las voces críticas, motivadas por el interés que sea, y las ganancias extraordinarias de ciertos secores económicos, más allá de qué tan concentrados estén, claramente deberían ser resquicios permitidos por el Poder.
Según esta visión, que claramente puede deducirse de los actos de este gobierno, las libertades no son inherentes al hombre sino concesiones que hace la autoridad. Es el Estado el que decide cuánto gana el campo y a quién se le van a entregar los fondos de las retenciones; el que decide cuánto ganará la industria gracias a la controlada devaluación del peso; el que decide cuánto ganará el comercio gracias a los marciales controles de precios y aprietes de Guillermo Moreno. Es el Estado el que decidirá, de aprobarse la ley de medios, quién y hasta dónde podrá hablar en radio y televisión merced al draconiano desguace de los multimedios, la mayoría del Poder Ejecutivo en la futura autoridad de control y los hasta hoy discrecionales repartos de publicidad oficial y accesos a la información pública. ¿Cómo los medios no van a desinformar si nadie en el Gobierno atiende los teléfonos cuando un periodista llama para preguntar o confirmar un dato? ¿Cómo podrán los medios reflejar la tan anhelada visión oficial de esa Argentina sin inflación, sin pobres, con crecimiento económico y empleo si se miente con las cifras del INDEC y si la comunicación oficial está en manos de dos personas que prefieren la cadena nacional ó el "contacto directo con el pueblo" porque desconfían de lo que dicen las "letras de molde"?
Por supuesto que los gobernantes pueden discrepar, enojarse y expresar esos sentimientos en público respecto a lo que se dice en los medios, pero lo que se vive en estos últimos seis años respecto a la prensa es ya demasiado. Particular indignación produjo la respuesta del ex presidente Kirchner al periodista de Clarín que le preguntó por su patrimonio y su pensión. Tiene razón el ex presidente cuando afirma que eso "es problema mio". Sin embargo, olvida que se trata de un ex funcionario público que recibe fondos del Estado y tiene obligación de responder públicamente por el desmesurado incremento de su patrimonio y lo que hace con la jubilación de privilegio que le pagamos todos los argentinos que aún soportamos la descomunal presión impositiva de la era K. Por más que le pese al señor Kirchner, tanto la señora de Noble como el señor Magnetto no son funcionarios y ganan su dinero en actividades privadas, por lo que sólo deberán rendir cuentas de sus actos ante la Justicia, no a la ciudadanía, de existir la más mínima sospecha de irregularidad en su desempeño económico.
Es momento de mirar qué se está haciendo con nuestro país y luchar para vivir en libertad. El desánimo de estos tiempos es el aliado perfecto para el poder político, que busca desde tiempos inmemoriales pueblos sumisos y callados. Las nuevas teconologías, como este blog, permiten expresarnos sin permiso de nadie a los que a ellos podemos acceder. Pero debemos mirar más allá de nuestra cómoda situación y luchar en beneficio de aquellos que no tienen esta oportunidad. Para que, como dijo el diputado Bonasso en la Cámara hoy, los grandes medios puedan hablar de inseguridad, pero que los campesinos del noroeste y noreste de la Argentina puedan hablar de la marginalidad, desocupación, destrucción de modos de vida y transporte que los integraban con poblaciones aledañas y lejanas.
El proyecto que debate el Congreso en estas horas es una muestra más de que esta administración busca acrecentar sus espurios negocios, que con plena alevosía se desenvuelven dia a dia frente a los ojos de los ciudadanos, escudándose en la falsa defensa de los pobres, los desamparados y de aquellos a los que les secuestran la palabra como les secuestraron los goles.
En apenas un año de crisis económica, quedó demostrado que el crecimiento a tasas chinas que experimentó la economía desde 2002 fueron fuegos de artificio. Bastó un año de crisis para que las mejoras sociales acaecidas en estos siete años se desmoronaran a los niveles previos al estallido social de 2001. Y esto no es culpa de los monopolios mediáticos, sino de un Gobierno que jamás se preocupó, ni estuvo en sus intereses, modificar la estructura de la economía nacional y del Estado para evitar que volvieran a ocurrir las calamidades de principios de esta década.
Sin embargo, el Gobierno usa sin cesar a aquellos que dice haber sacado de la pobreza y devolverles la ilusión de un futuro mejor, y que por su irresponsabilidad a la hora de administrar los caudales públicos nuevamente arrojó al padecimiento de sus históricos males. Los responsables de este desastre social que vemos en estos dias no sólo son los que nos gobernaron en estos siete años, en el menemismo y en la dictadura, sino también de aquellos a quienes el título de opositores les queda demasiado grande. Genuflexos como pocos, mezquinos lamentablemente como muchos, dieron luz verde con su ineptitud y palabrerío estéril a la segunda ola de graves atropellos a las libertades civiles y al andamiaje democrático de la República en sus últimos 25 años de gobiernos civiles. Tan descarada fue su ineficiencia que se autodenominaron "oposición testimonial" hasta que fue demasiado tarde para oponerse a la maraña de negocios privados con bienes públicos que montó esta administración autodenominada "progresista".
Mientras tanto, el oficialismo procede con modales de elefante sobre todo lo que le resulta antipático. Los ministros se convirtieron en hábiles esgrimistas del insulto, el lenguaje soez y del discurso de barricada cuando deberían ser ejemplos, junto con legisladores, jueces y periodistas, de la reflexión serena y racional. ¿Qué más puede esperarse acaso de un gobierno que pasa más tiempo preocupándose por las encuestas, por las tapas de los diarios y por el fútbol que en resolver los serios problemas del pueblo? ¿Qué más puede esperarse de diputados y senadores que se preocupan por que sea su voz la que más retumbe en las bóvedas del Congreso para exaltar a las hordas de fanáticos que llevan a los balcones y comisiones para tapar las voces disidentes? ¿Qué más puede esperarse acaso de periodistas que, olvidándose de la ineludible responsabilidad crítica de la profesión, sirven de espadachines a sueldo para los oscuros intereses de los grandes monopolios?
Todas las disputas a las que asistimos son por dinero y poder. No hay en los discursos políticos de estos dias, salvo honrosas excepciones, defensa alguna de la libertad de expresión ó genuina preocupación por resolver las angustias de los argentinos sino por ver quién dispara primero y cómo se queda con los despojos de su enemigo. Peor aún: esas disputas de poder son presentadas como grandes cruzadas épicas en contra de aquellos que quieren transformar a la Argentina en un reino del terror mediático y del egoismo capitalista. Clarín miente, TN desinforma y la Sociedad Rural es angurrienta: eso es verdad. ¿Pero acaso no vivimos en un país que se rige por una Constitución liberal y que, como tal, permite la expresión y la defensa de intereses tan inconfesables como los que se denuncian? Por eso están acertados también los que dicen que tanto la nueva ley de medios como las retenciones a las exportaciones son fascistas: las voces críticas, motivadas por el interés que sea, y las ganancias extraordinarias de ciertos secores económicos, más allá de qué tan concentrados estén, claramente deberían ser resquicios permitidos por el Poder.
Según esta visión, que claramente puede deducirse de los actos de este gobierno, las libertades no son inherentes al hombre sino concesiones que hace la autoridad. Es el Estado el que decide cuánto gana el campo y a quién se le van a entregar los fondos de las retenciones; el que decide cuánto ganará la industria gracias a la controlada devaluación del peso; el que decide cuánto ganará el comercio gracias a los marciales controles de precios y aprietes de Guillermo Moreno. Es el Estado el que decidirá, de aprobarse la ley de medios, quién y hasta dónde podrá hablar en radio y televisión merced al draconiano desguace de los multimedios, la mayoría del Poder Ejecutivo en la futura autoridad de control y los hasta hoy discrecionales repartos de publicidad oficial y accesos a la información pública. ¿Cómo los medios no van a desinformar si nadie en el Gobierno atiende los teléfonos cuando un periodista llama para preguntar o confirmar un dato? ¿Cómo podrán los medios reflejar la tan anhelada visión oficial de esa Argentina sin inflación, sin pobres, con crecimiento económico y empleo si se miente con las cifras del INDEC y si la comunicación oficial está en manos de dos personas que prefieren la cadena nacional ó el "contacto directo con el pueblo" porque desconfían de lo que dicen las "letras de molde"?
Por supuesto que los gobernantes pueden discrepar, enojarse y expresar esos sentimientos en público respecto a lo que se dice en los medios, pero lo que se vive en estos últimos seis años respecto a la prensa es ya demasiado. Particular indignación produjo la respuesta del ex presidente Kirchner al periodista de Clarín que le preguntó por su patrimonio y su pensión. Tiene razón el ex presidente cuando afirma que eso "es problema mio". Sin embargo, olvida que se trata de un ex funcionario público que recibe fondos del Estado y tiene obligación de responder públicamente por el desmesurado incremento de su patrimonio y lo que hace con la jubilación de privilegio que le pagamos todos los argentinos que aún soportamos la descomunal presión impositiva de la era K. Por más que le pese al señor Kirchner, tanto la señora de Noble como el señor Magnetto no son funcionarios y ganan su dinero en actividades privadas, por lo que sólo deberán rendir cuentas de sus actos ante la Justicia, no a la ciudadanía, de existir la más mínima sospecha de irregularidad en su desempeño económico.
Es momento de mirar qué se está haciendo con nuestro país y luchar para vivir en libertad. El desánimo de estos tiempos es el aliado perfecto para el poder político, que busca desde tiempos inmemoriales pueblos sumisos y callados. Las nuevas teconologías, como este blog, permiten expresarnos sin permiso de nadie a los que a ellos podemos acceder. Pero debemos mirar más allá de nuestra cómoda situación y luchar en beneficio de aquellos que no tienen esta oportunidad. Para que, como dijo el diputado Bonasso en la Cámara hoy, los grandes medios puedan hablar de inseguridad, pero que los campesinos del noroeste y noreste de la Argentina puedan hablar de la marginalidad, desocupación, destrucción de modos de vida y transporte que los integraban con poblaciones aledañas y lejanas.
domingo, 13 de septiembre de 2009
El Zen y la Bruja
En febrero de 2004, intenté tomar clases de karate en el gimnasio al que concurro habitualmente. Conocer una forma de ver el mundo bastante diferente a la mia era todo un reto en aquel entonces: recién salido de la secundaria, hiperactivo, controlador al máximo, simplemente no podía concentrarme. Me la pasaba mirando lo que hacían los otros socios en los aparatos, lo que ocurría en la recepción, la ropa de los transeúntes: nada más inapropiado para una clase en donde hay que estar atento a lo que dice el Sensei, y obviamente al puño del adversario.
Sumado a que no practicaba en mi casa las técnicas aprendidas en clase, ya que de tan cansado que llegaba me duchaba y luego me ponía frente al televisor a ver series de los 60 en el cable, mi desempeño en el dojo no era el mejor. Una tarde, el Sensei notó mi distracción y me dijo una frase que no olvidaré jamás: "cuando se come, se come. Cuando se duerme, se duerme".
En estos días, esa frase sonó insistentemente en mi cabeza. Estoy planeando la construcción de un modelo a escala de un coche La Brugeoise serie 1 de la línea A del subte de Buenos Aires. Como el diseño de carrocería original (el que yo replicaré) ya no existe gracias a que los trenes fueron reformados a su aspecto actual en 1927, debo basar mi reconstrucción en fotografías, relatos de viajeros de aquel entonces (difícil que alguien se acuerde con sumo detalle cómo era el interior de las Brujas entre 1913 y 1927), y una activa imaginación. Las vistas y el viajero ya los conseguí; la imaginación también.
El gran problema es que la imaginación no siempre se comporta como uno necesita ante retos tan demandantes como al que la vengo sometiendo desde hace meses. Amigos, parientes que ya no están, programas de televisión, películas, citas literarias, brillantes ideas para posts del blog que nunca escribo por mi inevitable tendencia a postergarlo todo, el ruido del subte, música: cosas que pueblan mi mente y que no me dejan concentrarme en la Bruja. Hasta que, haciendo un tremendo esfuerzo, lo logro.
Y ahi viene el gran reto: dejar de pensar en la Bruja. Quiero pensar en otra cosa, en una persona, y no puedo. Aparece la Bruja, con su aspecto en blanco y negro de la Belle Époque que las vio nacer, el ruido de sus motores y frenos en el superpoblado subte Anglo de 2009, en donde siguen andando con 95 años a cuestas. Ahi está la Bruja, quitando de mi mente toda otra cosa que no sea sus ansias de renacer en su forma original. Patalea, grita, se mueve dentro de algún útero cerebral que crece cada día más.
El viernes terminé los planos, mañana empiezo a acopiar los materiales. Pronto comenzará la etapa más complicada de la gestación, y a no descansar hasta el parto. Y luego, ver que funcione: que corra por la vía, que pueda cambiar de camino sin descarrilar ni matar a nadie, que su suspensión resista los desniveles, que sus motores no se quemen en la mitad del viaje, que no opte por prenderse fuego antes de que cumpla tantos años como sus antecesoras de verdad, que quiera ser de verdad. No se conformará con transportar aire en sus lujosos interiores: querrá crecer y llevar gente, servir de modelo para una nueva Bruja serie 1 que podría montarse en el chasis del coche 43, que se incendió hace nueve años en Primera Junta. Querrá volver a Polvorín, el hogar de sus hermanas mayores. Y habrá que dejarla ir, para no defraudar al Sensei.
Sumado a que no practicaba en mi casa las técnicas aprendidas en clase, ya que de tan cansado que llegaba me duchaba y luego me ponía frente al televisor a ver series de los 60 en el cable, mi desempeño en el dojo no era el mejor. Una tarde, el Sensei notó mi distracción y me dijo una frase que no olvidaré jamás: "cuando se come, se come. Cuando se duerme, se duerme".
En estos días, esa frase sonó insistentemente en mi cabeza. Estoy planeando la construcción de un modelo a escala de un coche La Brugeoise serie 1 de la línea A del subte de Buenos Aires. Como el diseño de carrocería original (el que yo replicaré) ya no existe gracias a que los trenes fueron reformados a su aspecto actual en 1927, debo basar mi reconstrucción en fotografías, relatos de viajeros de aquel entonces (difícil que alguien se acuerde con sumo detalle cómo era el interior de las Brujas entre 1913 y 1927), y una activa imaginación. Las vistas y el viajero ya los conseguí; la imaginación también.
El gran problema es que la imaginación no siempre se comporta como uno necesita ante retos tan demandantes como al que la vengo sometiendo desde hace meses. Amigos, parientes que ya no están, programas de televisión, películas, citas literarias, brillantes ideas para posts del blog que nunca escribo por mi inevitable tendencia a postergarlo todo, el ruido del subte, música: cosas que pueblan mi mente y que no me dejan concentrarme en la Bruja. Hasta que, haciendo un tremendo esfuerzo, lo logro.
Y ahi viene el gran reto: dejar de pensar en la Bruja. Quiero pensar en otra cosa, en una persona, y no puedo. Aparece la Bruja, con su aspecto en blanco y negro de la Belle Époque que las vio nacer, el ruido de sus motores y frenos en el superpoblado subte Anglo de 2009, en donde siguen andando con 95 años a cuestas. Ahi está la Bruja, quitando de mi mente toda otra cosa que no sea sus ansias de renacer en su forma original. Patalea, grita, se mueve dentro de algún útero cerebral que crece cada día más.
El viernes terminé los planos, mañana empiezo a acopiar los materiales. Pronto comenzará la etapa más complicada de la gestación, y a no descansar hasta el parto. Y luego, ver que funcione: que corra por la vía, que pueda cambiar de camino sin descarrilar ni matar a nadie, que su suspensión resista los desniveles, que sus motores no se quemen en la mitad del viaje, que no opte por prenderse fuego antes de que cumpla tantos años como sus antecesoras de verdad, que quiera ser de verdad. No se conformará con transportar aire en sus lujosos interiores: querrá crecer y llevar gente, servir de modelo para una nueva Bruja serie 1 que podría montarse en el chasis del coche 43, que se incendió hace nueve años en Primera Junta. Querrá volver a Polvorín, el hogar de sus hermanas mayores. Y habrá que dejarla ir, para no defraudar al Sensei.
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